martes 26 de mayo de 2009

HICE MI TAREA TODA LA SEMANA Y LA CASA ESTÁ VACÍA, PORQUE MIS AMIGOS SE FUGARON

Nadie pensó que Ben Stiller y su aventura en una galería fuese tan rentable a nivel mundial; así que como hubo buenas utilidades se llega la secuela llamada: Una Noche en el Museo 2 (Night at the Museum: Battle of the Smithsonian); quien reúne al mismo director, Shawn Levy y casi al mismo elenco de actores y la introducción de nuevos personajes históricos a la historia.

Larry Daley (Ben Stiller), ahora jefe de su compañía de inventos, siente que su nueva vida alejada del museo no es la misma. La melancolía se acentuara al enterarse que el museo donde trabajo va a ser modernizado, y muchas de las cosas van a ser trasladado al gran museo Smithsoniano. Para agravar las cosas, recibe una llamada de dicho lugar porque sus servicios son nuevamente requeridos debido a que la amenaza ya no es humana sino histórica.

Esta comedia por su estructura de continuidad se asemeja a producciones como Ocean's Eleven, quien para hacer una nueva aventura se tiene que hacerlo a lo grande y preten
cioso. El caso de esta comedia me parece ser convierte muy formulista, es decir todo la historia, las situaciones y los chistes son comparables a su primera versión, tanto tiempo de planeación para no dar nada nuevo, no es justo. También tiene sus falencias con personajes y poca congruencia como el hijo de Larry quien se consigue los planos del museo para ayudar a su inoperante padre.

Lo que motiva ver (o soportar) la película sean los efectos especiales y ahora como tenemos un museo grande se obtiene la excusa perfecta para abusar (bien o mal) dichos elementos; creo que ese recurso técnico es mejor, se emplea con cierta imaginación las pinturas y lo monocromático;, tanto en la aventura dentro del cuadro y la figura de un conocido gangster, quien es obvio esta en el bando de los villanos.

Los personajes que hacen de villanos tenemos al monarca egipcio Kahmunrah quien recluta a lo grandes (o disponibles), Al Capone, Iván El Terrible y Napoleón Bonaparte; que podemos decir notables en
su campo, sin embargo, en esta comedia son reducidos a pillos que asaltan en las esquinas del barrio.

El bando bienhechor no es tan distinto, Lincoln tiene unas poses cómicas de improvisación, dudo que este personaje fuese muy ameno. El Pensador, de Rodin, hace honor a su nombre piensa mucho y luego habla unas indignas boberías. Albert Einstein (s), no es ni estatua o busto sino un gracioso muñequito (es) cabezón (es). El general Custer, tiene un dilema similar a Teddy Roosevelt en la primera película. Amelia Earhart (Amy Adams) sea el único personaje agradable y bien encajado del film; la diferencia esta en que la actriz es más bonita que la original.


Si esta producción repite el plato con la taquilla, se esmeren mejor en una secuela, repetir los chistes no resulta siempre, hagan caso a los verdaderos museos cada uno de ellos son distintos, unos de otro y es ahí donde reside su importancia y aporte para sociedad. Ben Stiller, creo que ha descubierto (de casualidad) que con su estilo de humor, una forma de mantenerse activo y no convertirse en un fósil en la actualidad.