Impulsado por “fuerzas mágicas”, vuelvo por la senda de los Blockbusters, este es el turno de: Harry Potter y El Misterio del Principe (Harry Potter and the Half-Blood Prince), esta es la sexta entrega de la industria J.K Rowling, autora de esta anomalía de masas de los últimos tiempos. Lo que ya lo saben (y los que no), este film nos prepara el camino para el final de esta extensa saga literaria llevada al cine. Luego de los sucesos de Harry Potter y La Orden del Fénix, las fuerzas del “Innombrable”, hacen el caos en el mundo de los mortales. Mientras, Dumbledore (Michael Gambom) augurando el peligro, recluta a Harry Potter (Daniel Radcliffe) a una tarea (y entrenamiento) en secreto, revelar el enigma del profesor, Horace Slughorn (Jim Broadbent) y del entonces infante Tom Riddle, el futuro, peligroso y nada amistoso, Lord Voldemort.
Por otro lado, en Hogwarts, pasara lo siguiente, los coqueteos (inocentes) amorosos dentro del entorno social de Harry, el arribo de un nuevo alumno, Draco Malfoy (Tom Felton) y el ascenso de Severus Snape (Alan Rickman), a maestro de 'Defensa Contra las Artes de la Oscuridad' y la extraña ecuación que realizara al final de la historia.
La dirección est
a confinado a David Yates, quien hizo la anterior película y esta haciendo la última entrega: Las Reliquias de la Muerte, y será dividida en dos partes. Considero esta versión en su forma estética y visual mejor elaborada que su antecesora; quizás se acerca en algo (sin lograr superar) a la producción del Prisionero de Azkaban; esta aventura tiene mucho de misterio, flashback vinculante si nos seguimos al libro (La Cámara Secreta), su fracaso reside en alargar al límite las situaciones de sus protagonistas y los hechos que estos se desenvuelven.
Otro detalle es como el director (guión de Steve Kloves el mismo del Cáliz de Fuego), no le imprima vivacidad, angustia y drama, teniendo cerca los elementos, siempre se recurre de la ingenuidad, el sentido humorístico (¿?), los efectos especiales y las panorámicas. Hasta donde los fieles adeptos del joven mago, no manifiestan su descontento con lo que ven o suponemos que al leer el libro, este lo hechiza de inmediato.
Un buen punto es la melodía de la película (a cargo de Nicholas Hooper), limpia, solemne y asistida acorde de las ocurrencias; al menos siempre le busco algo bueno a las cosas, aunque no sean de mi desagrado. También se aprecia el no abuso de los efectos especiales, el uso de la magia, el celebre juego de Quidditch y algunas escenas de remembranza y de acción; sin embargo, ninguna de esas cosas, se quedan en la memoria.
Podríamos aludir como interesante sea, la visión de Voldemort o Tom Riddle cuando fue niño; desde ese momento ya era un problema, Dumbledore, intento encausarlo por el buen rumbo, pero el niño precoz de por si, se volvió inmanejable para nadie, creo que debieron llevarlo a algún reformatorio y tirar deliberadamente la llave.
Daniel Radcliffe, Rupert Grint y Emma Watson, siguen en el mismo parámetro, hace varias lunas, dejaron ese aspecto cándido, hoy con rostros más juveniles no creo que puedan mantener por mucho tiempo esa imagen iniciada en esta “épica” jornada fílmica. En alguna parte del film, uno de los maestros le mencionan a los varoniles muchachos, que no les vendría mal una rasurada. Alan Rickman, lucirá su faceta gastada-conocida, que no revelare, al menos resulta un buen personaje. Lo mortificante es el papel aplazado para Evanna Lynch (Luna Lovegood), ojala tenga más asistencia en la posterior secuela.
Finalmente, digno para los adictos a la magia barata, por el momento nos queda esperar que este largometraje haga su encantamiento, rompa taquilla, mueva a la gran masa, popularidad al máximo a sus estrellas (y a la autora) y al resto de la gente invocar: “Chimpun, Tortillas Papas”…







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