Terence McDonagh (Nicolas Cage), policía de Nueva Orleáns aparenta ser un eficaz agente de la ley; sin embargo, Terence no puede domar sus propios reos internos; ser apostador, un toxicómano, un opresor con su arma de reglamento, corrupto y desleal por relacionarse con mafiosos. En todo eso, deberá investigar un sonado crimen de unos inmigrantes africanos. Entre ejercer su trabajo y llevar sus inmoralidades, el camino de Terence se volverá doblemente peligroso.
Esta versión de Enemigo Interno de Werner Herzog, se centraliza en el caída a los abismos de uno o varios seres humanos; el ritmo no es vitalmente veloz, este thriller tima su nivel de acción quizás el público común le resulte p
El tratamiento del argumento va con la vida de un personaje (McDonagh), rodeado por individuos descritos como trastornos sociales en la existencia de la humanidad, que van por ahí, se les puede ubicar en algún lugar o a veces se nos presentan de modo súbito sin que uno desee conocerlos. Manipular los hechos dolosos para dar paso a eventos graves es la constante en este film.
Nicolas Cage, es ese hombre en medio de un mar de caos, dubitativo, eufórico, crápula y presuntuoso, estas reseñas harán mella en su labor policíaca mientras esas sean ocultadas por lo meritos o medallas que este agente de la ley muestre ante la sociedad. Cage, muestra aplomo y sarcasmo para sacar adelante al personaje; un trabajo que limpia en algo su reciente trajín actoral, quizás se deba a la propuesta fílmica (un director inteligente o un guionista diestro), hagan explotar las mejores virtudes de Cage.
Eva Mendes, hace de meretriz, amante y amiga en las sesiones de adicción con cocaín
Xzibit (Alvin Joiner su real nombre) es el mafioso difícil de encontrar y que McDonagh lo localiza, planteándole hacer tratos equitativos, nada mal para un cantante de rap. Finalmente, Val Kilmer, en un papel escueto y en mi caso lo veo después de tiempo, la última fue en su glacial aventura como: El Santo.
Creo entender casi a Werner Herzog, presentando a lagartos o iguanas, su metabolismo los hacen actuar en el momento y lugar indicado. El hombre (en general) puede necesitar de algunos vicios o favorecerse de sus libertinajes. En ocasiones, estos se conducen mejor o crean su tubo de escape de la inquietante realidad en la que viven.







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