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Una constelación de luminarias del cine de acción de las dos últimas décadas, liderados por el veterano actor y a su vez director: Sylvester Stallone; traen a las salas el film: Los Indestructibles (The Expendables), una forma de hacer justicia a la antigua, por así decirlo y con la aparición sorpresa de Arnold Schwarzenegger.
Barney Ross (Sylvester Stallone), Lee Christmas (Jason Statham), Ying Yang (Jet Li), Gunner Jensen (Dolph Lundgren) y Toll Road (Randy Couture) forman parte de un grupo de exitosos mercenarios. Su contacto, Tool (Mickey Rourke) le comunica a Barney sobre un trabajo en un pequeño país sudamericano la misión es derrocar al general Garza (David Zayas), pero éste no esta solo, tiene una sociedad de un insidioso estadounidense, James Munroe (Eric Roberts) y el díscolo compañero de Barney, Gunner Jensen.
The Expendables, es la típica película de los años 80 y 90, varios de los actores citados eran las estrellas (de acción y del momento) y ahora junto a otros
nuevos actores no alejan la idea de la jubilación o el encasillamiento. Su argumento escaso y nada virtuoso, es la excusa para identificar a los malos, ver a la gente inocente y exterminar con el enemigo; para eso el film recurre a todo el material inflamable, bélico, golpes de todo tipo: Conclusión, un gran ruido (eso viene de regalo con el film) que dejara constancia de quienes pasaron por ahí.
Fuera de la desbordante acción creo que de lejos, el mejor instante del film, es la plática y encuentro del trío de héroes: Bruce Willis, Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger, cada uno de ellos con las señas, ademanes, poses que los hicieron únicos en sus respectivas películas. Para muchos nostálgicos, pueden darse el gusto de haber pagado su dinero por ver este soñado cross-over.
Los protagonistas tienen un balance de protagonismo y apariciones disparejas; por ejemplo, ver a Dolph Lundgren, con su típica pose (y carácter peligroso) del Soldado Universal, da más de una sorpresa. Mickey Rourke, es un veterano y cansado de tanta violencia empieza a filosofar sobre sus acciones pasadas. Jason Statham, es el segundo al mando de este grupo de bravucones y se disputa con Stallone, a ver quien sale más en pantalla. Jet Li, muy poco tanto en pelea y de porte ante tantos gigantes. Eric Roberts y Steve Austin, villanos de turno y bien diferenciados, uno habla sin pegar y el otro golpea sin hablar.

No pidamos exquisiteces con The Expendables, esta idea y obra es la pretensión de Stallone (asistido también por el guionista, Dave Callaham), un concepto que debió cocinarse hace años, cuando muchos de esos artistas estaban en actividad. Para las nuevas generaciones, pensaran, que estos viejos están mal de la cabeza; los problemas (y menos en las películas) actuales no utilizan tales procedimientos.
De por si, el factor femenino no existe en film, solo es un decorativo (así que chicas dejen a sus novios y busquen otra película en las salas), al público pacifista no querrán verse salpicados o impregnados con la sangre o el olor a pólvora, esta zona no es segura. A los miles de fanáticos estarán coincidiendo con la mente de Stallone, para ver a quienes: “rescatamos o le damos la alerta máxima, para blindar esta arma mortal”, de una nueva misión bajo el código; la secuela esperada.
Después de mucho tiempo, llega a nuestras salas de cine: Enemigo Interno (Bad Lieutenant: Port of call New Orleans), film del celebre director germano, Werner Herzog, que a su vez, su trabajo es un remake de otro laureado director, Abel Ferrara. Con estas referencias y circunstancias, el reparto no se queda atrás, convocando a Nicolas Cage, Eva Mendes, Val Kilmer, Jennifer Coolidge, Xzibit y Michael Shannon.
Terence McDonagh (Nicolas Cage), policía de Nueva Orleáns aparenta ser un eficaz agente de la ley; sin embargo, Terence no puede domar sus propios reos internos; ser apostador, un toxicómano, un opresor con su arma de reglamento, corrupto y desleal por relacionarse con mafiosos. En todo eso, deberá investigar un sonado crimen de unos inmigrantes africanos. Entre ejercer su trabajo y llevar sus inmoralidades, el camino de Terence se volverá doblemente peligroso.
Esta versión de Enemigo Interno de Werner Herzog, se centraliza en el caída a los abismos de uno o varios seres humanos; el ritmo no es vitalmente veloz, este thriller tima su nivel de acción quizás el público común le resulte p
lano y hasta seco como un hueso. Además lucra su nivel visual bien lúgubre e infeliz; excusado por el paso del huracán Katrina por la parte sur de Norteamérica. Asimismo, ese hecho lució al mundo una visión paupérrima de una superpotencia.
El tratamiento del argumento va con la vida de un personaje (McDonagh), rodeado por individuos descritos como trastornos sociales en la existencia de la humanidad, que van por ahí, se les puede ubicar en algún lugar o a veces se nos presentan de modo súbito sin que uno desee conocerlos. Manipular los hechos dolosos para dar paso a eventos graves es la constante en este film.
Nicolas Cage, es ese hombre en medio de un mar de caos, dubitativo, eufórico, crápula y presuntuoso, estas reseñas harán mella en su labor policíaca mientras esas sean ocultadas por lo meritos o medallas que este agente de la ley muestre ante la sociedad. Cage, muestra aplomo y sarcasmo para sacar adelante al personaje; un trabajo que limpia en algo su reciente trajín actoral, quizás se deba a la propuesta fílmica (un director inteligente o un guionista diestro), hagan explotar las mejores virtudes de Cage.
Eva Mendes, hace de meretriz, amante y amiga en las sesiones de adicción con cocaín
a; no se le ve tan sensual, muestra intención de cambio de vida pero con la ayuda de McDonagh. Una mujer de fachada más temible y obscena es Jennifer Coolidge, la hermana de McDonagh, quien junto a su caótico padre, sabremos juzgar en algo de donde vienen personas como McDonagh.
Xzibit (Alvin Joiner su real nombre) es el mafioso difícil de encontrar y que McDonagh lo localiza, planteándole hacer tratos equitativos, nada mal para un cantante de rap. Finalmente, Val Kilmer, en un papel escueto y en mi caso lo veo después de tiempo, la última fue en su glacial aventura como: El Santo.
Creo entender casi a Werner Herzog, presentando a lagartos o iguanas, su metabolismo los hacen actuar en el momento y lugar indicado. El hombre (en general) puede necesitar de algunos vicios o favorecerse de sus libertinajes. En ocasiones, estos se conducen mejor o crean su tubo de escape de la inquietante realidad en la que viven.